Miguel, mi padre: UN HOMBRE BUENO

Tal día como hoy 20 de septiembre, de diez años atrás, en 2014, nos dejaba mi padre, Miguel. Tenía una sonrisa de oro que conquistaba. Discreto y elegante en sus maneras,  y de una fe inquebrantable, se pasó la vida haciendo el bien. Era un señor con estilo, pero, sobre todo, era un esposo y un padre excelentes.
Un hombre bueno, en mayúsculas.

Mis padres contrajeron matrimonio el 15 de mayo de 1956

Celebración de aniversario de boda 40 años después (1996)

Vídeo celebración 40 aniversario boda papás (1996)
en restaurante
Vídeo celebración 40 aniversario boda papás (1996)
en “ Bonestar”

Mis padres en sus bodas de oro (2006)

Fotografías entrañables de su juventud

Homenaje a papá

Poemas escritos desde el amor y el dolor por su enfermedad primero, y su ausencia después.

Carta a papá en su funeral (escrita por mi hermana Mamen)

Papá en el chalet “Bonestar” por el que se desvivía y que tanto trabajo le daba

Poema dedicado a mi padre y publicado en mi libro “Promesas de agua”

Papá con sus hijos, hijas, nietos y nietas

(espacio abierto a nuevos hallazgos entrañables para recordar)

Un apreciado hallazgo: sus dibujos en edad escolar

Mi hermana Mamen encontró, no hace mucho en el chalet, una carpeta antigua con unos dibujos a lápiz firmados por M. Marcos unos, Miguel Marcos otros, que no habíamos visto antes, y que nos hacen pensar en un niño o adolescente Miguel, nuestro papá, dibujando afanoso en el colegio o en el instituto, y nos produce ternura al imaginarlo.

La firma sencilla en nada se parece a la firma elaborada y definitiva de años más tarde, la oficial de los documentos y de su responsabilidad en el trabajo, y que a mí me gustaba tanto que me empeñé en emularla al idear la mía.

10 comentarios en «Miguel, mi padre: UN HOMBRE BUENO»

    1. En efecto, Migue, creo que como los dos hemos comentado, papá fue un hombre bueno, y pienso que seguro que todos aquellos que lo conocieron (no sólo los miembros de su familia y amigos) estarán de acuerdo con esa afirmación, sobre todo porque también se verían gratificados, de algún modo, por su forma de ser y su generosidad.

  1. Mi papá está siempre conmigo, lo siento cercano, como en la habitación de al lado. Igual sucede con mi mamá. Y cuando voy a Bonestar, siento que estoy con ellos. Por eso me gusta tanto estar allí, y cuidarlo, como hacían Miguel y Carmen, los papás, los iaios.

    1. Desde luego Mamen, sabemos que los papás siempre estarán cerca porque están EN nosotros, sus hijos. Así lo sentimos, así lo siento yo, al menos. Ellos nos han querido y educado en valores, como tú bien dices en tu carta de despedida. Y el hecho de que sigamos en contacto permanente y reuniéndonos en Bonestar (gracias a ti, por cierto) como a ellos les gustaba, es una buena prueba de ello.

  2. Y leer de abajo a arriba este post tan especial del yayito me trae de nuevo un sentimiento de nostálgia, como si verlo en el transcurrir de su vida mediante su imagen, reviviera en mí esa sensación de orgullo que era imposible no sentir desde que lo conocías como persona (tuve esa suerte toda mi infancia y parte de mi adolescencia), entre tantas cosas por lo bondadoso que era y por las experiencias tan bonitas que nos dejó en herencia a toda esta linda familia que con cariño cuidó hasta sus últimos días. Al igual que bonitas son las palabras que la tía Mamen dedicó aquel día y reflejan todo ese amor que se llevó con él, también lo son esos versos que te llegan a la mente al reflejar el amor inmenso que le proferias. Te quiero mamá. Por siempre en nuestros recuerdos.

    1. Inés, mi niña, que bonito es todo lo que dices en tu comentario sobre el yayo. Por supuesto que, al igual que tú, todos coincidimos en que rebosaba bondad, y me encanta que te sientas orgullosa por ello y que además tengas gratos recuerdos de su paso por nuestra vida, porque es cierto que dejó huella y mucho amor en toda su familia, y que nos quiso mucho. Ese es el amor que a su vez pasa de padres a hijos y que yo no puedo dejar de volcar sobre vosotras, mis hijas, porque os quiero con locura. El yayo fue un ejemplo de generosidad a seguir y no hay sino que imitarlo, y recordarlo siempre con mucho cariño.

  3. Leer de arriba a abajo este post me trae un sentimiento de nostálgia enérgica al recordar lo bella persona que era mi yayito, a través del recorrido de sus imágenes, verlo disfrutón y recordarlo con todo el cariño del mundo me llena el alma. Y como eso, gracias a todos los recuerdos que perduran con cariño en su legado familiar. Por la persona que era y siempre será en nuestros corazones. Por las bonitas personas que te inspiran cada día para completar este entrañable Blog, por todas ellas y por ti mamá, la más bonita del mundo. Te quiero

    1. Gracias, Inés, mi vida, por tus palabras. Es cierto que siento que sois muchas las personas que me inspiráis para escribir, tanto en este entrañable blog, como tú lo llamas porque así es, como en los poemas que compongo verso a verso y no tan a menudo como quisiera. El yayo es una de esas personas que como vosotras es muy importante para mi, y que nunca dejará de estar en mi corazón, como pienso que estará en el tuyo y en el de tus hermanas y en los de toda esa gran familia que, junto a la yaya, llegó a formar.

  4. Después de escribir en el post de la yaya y recordar con este al yayo, me doy cuenta de que asocio mucho sus recuerdos a olores. Mi yayito olía a pastilla de jabón, a jazmín del chalet y a disolvente de pinturas del garaje de los tesoros 😊. Seguro que durante toda su vida fue muchas cosas, pero si lo recuerdo por algo es por lo que dices mamá, porque sin duda era un hombre muy bueno.

  5. Las casualidades de la vida hicieron que lo conociera de pequeña, ya que era el padre de Inma, mi mejor amiga del colegio. Compartí a lo largo de los años con él y con toda su familia esos momentos de después del cole, de fiestas de cumpleaños, de fines de semana en el chalet de La Eliana y tantos otros recuerdos mas, y tengo que decir que siempre lo recuerdo como un hombre afable, cariñoso, familiar… un hombre bueno, en definitiva
    esa es la palabra en la que todos coincidimos, un hombre bueno.
    Como he dicho al principio, la vida hizo, que ya como enfermera, nos volviéramos a encontrar en su última etapa de vida, una etapa dura y cruel, donde la enfermedad ya había hecho mella. Y pude comprobar que todo el amor que había repartido a lo largo de los años volvía a él. Cuando llegó el momento se fue, pero arropado por toda su familia, esa familia que él tanto quiso.

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