Inmenso dolor, impotencia, tristeza, desolación … EL CORAZÓN ENCOGIDO en Valencia devastada por las aguas

POR TODAS LAS PERSONAS CUYAS VIDAS FUERON SESGADAS POR LA DANA EN VALENCIA

La tarde del 29 de octubre de 2024 las aguas torrenciales de las fuertes lluvias descendieron vertiginosamente por el rio Magro, por el barranco del Poyo, por el nuevo cauce del Turia, desbordándose, devastando a su paso pueblos, destrozando puentes, carreteras y vías ferroviarias, inundando viviendas y comercios, arrastrando y amontonando vehículos .. y lo más doloroso, acabando con la vida de multitud de personas. La devastación fue total. El panorama que dejaron fue dantesco, apocalíptico, distópico. Ni en la peor de las pesadillas puede nadie imaginar algo así. La realidad superó la ficción. Utiel, Requena, Chiva, Godelleta, Torrente, Aldaya, Alacuás, Alfafar, Benetusser, Sedaví, Massanassa, Albal, Beniparrell, Silla, Ribarroja, Mislata, Algemesí, Picaña y Paiporta, ésta última donde hay más víctimas mortales, no son todas, pero sí algunas de las 75 poblaciones afectadas por esta terrible desgracia.

No sé cómo describir lo que siento. No tengo palabras. Podría decir que estoy impactada, impresionada, en shock, desolada, pero no son suficientes estos adjetivos para expresarlo. La inmensa tristeza y angustia, por un lado, y la rabia e impotencia por otro, me corroen las entrañas . No me siento capaz de hacer nada más que estar pendiente de las noticias y escuchar una y otra vez lo mismo, ver las mismas imágenes. Voy de un lado para otro y no consigo centrarme. Es como que no acabo de creérmelo, no me parece estar viviendo esta horrible pesadilla. Y no puedo ni imaginar cómo lo estarán pasando quienes han perdido a algún familiar, o también quienes lo han perdido todo, vivienda, coche, negocio y o trabajo … El llanto colectivo no sirve para aliviar a esas gentes desgarradas por esta desgracia.

https://youtube.com/shorts/rfBX-Gj4wZQ?si=nkbhAU79DyPnueg4

(Video, hecho por Alícia, que muestra la desolación en la que permanece la población de Paiporta donde vive)

Mi yerno y mis nietos a salvo

Mi hija Alícia vive en Paiporta con su familia: su marido Salva y sus hijos Marcos y Luka, de 8 y 6 años. Las primeras horas de la inundación fueron angustiosas, porque dejamos de saber de Salva y los niños (Alícia estaba trabajando en Valencia) cuando se quedaron sin luz, sin comunicaciones, ni cobertura de móvil y conforme subía el nivel del agua en la calle, que finalmente llegó a medio metro de las ventanas de su casa, en la que por lo menos sabíamos que se encontraban. Por la mañana del día 30 supimos que estaban bien. Eso fue lo mejor. Ante la magnitud del desastre que se pudo empezar a vislumbrar con la luz del día, fue una bendición saberlos a salvo. Otros muchos del pueblo y de las zonas afectadas no tuvieron esa suerte. Eso si, perdieron el coche que hoy, 20 días más tarde, siguen sin encontrar. Al igual que en muchas otras fincas y casas, el garaje comunitario de dos plantas de sótano y trasteros, se inundó y se llenó de barro y cañas, y a día de hoy, aunque empezaron a achicar agua los bomberos y los de la UME, está por vaciar de lodo y coches, sobre todo del segundo sótano al que aun no han podido acceder. Además de los gases que emanan de la fermentación de los lodos por las bacterias que contienen, hay material fecal por la rotura de las bajantes. Esta prohibido entrar al garaje si no se es profesional y con la protección y útiles especiales … Lamentablemente no sabemos cuándo podrá acometerse la limpieza e higienización para su uso. Hay mucho por hacer y no parece haber efectivos suficientes para todos los sótanos y viviendas afectadas.

El garaje de Alícia y Salva en las noticias de la 1 de TVE

Algunas imágenes propias de la tragedia, o publicadas por diferentes medios

Aunque parece que las imágenes hablan por sí solas, en realidad no acaban de reflejar la magnitud de la tragedia, ni de los estragos ocasionados, ni de la devastación..

Quienes lo han sufrido, quienes no han perdido la vida, pero lo han perdido todo, se mueven en un auténtico escenario de guerra.

Miles de personas acuden como voluntarios a los lugares afectados

Y la multitud de voluntarios que gracias a la solidaridad ciudadana, a la empatía y al espíritu de colaboración, se han desplazado a las zonas afectadas tanto desde Valencia, como desde cualquier rincón de España, y se han volcado a prestar su ayuda, dicen que tienes que estar allí para verlo y que aún así, no das crédito a lo que ven tus ojos. ¡¡ Que es estremecedor!!

Despliegue de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado

La UME, los bomberos, el ejército, la guardia civil de tráfico, guardia civil de subsuelo, rescatadores de montaña, agentes forestales y demás cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, muchos de ellos venidos de otras partes de España, se emplean a fondo en las labores de rescate y traslado de quienes se quedaron atrapados, en la búsqueda de desaparecidos, así como en la retirada de vehículos, de lodo y escombros. También ayudan en el reparto de víveres, medicinas y de agua potable.

Desconozco cuál será la solución que habrá que acometer desde las administraciones e instituciones para prevenir que este tipo de catástrofes naturales lleven consigo desbordamientos de ríos y barrancos e inundaciones, cobrándose vidas humanas y generando daños tan cuantiosos en las poblaciones afectadas, viviendas y pequeños negocios, en las industrias, en el campo, en la agricultura y la ganadería.
Desconozco de qué manera solucionarlo, pero lo que sí sé, es que hay que exigir a los gobiernos implicados que emprendan las acciones necesarias sin escatimar esfuerzos ni recursos para evitar que estos hechos tan devastadores no vuelvan a repetirse.

El botánico José Antonio Cavanilles ya hablaba de este barranco, a finales del siglo XVIII (en 1795, en su publicación de “Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, poblaciones y frutos del Reyno de Valencia”), donde decía:

Además, dadas las características de la zona donde se ubica el barranco, éste se presta a que de, forma periódica, se produzcan inundaciones más o menos grandes. Testimonios desde la época romana nos hablan de los numerosos desbordamientos del río Turia y sus cercanos cauces o barrancos.

El Barranco del Poyo, la rambla que provocó la salvaje inundación.

La gota fría que asoló el pasado martes 29 de octubre de 2024 la provincia Valencia tuvo entre sus peores efectos el desbordamiento del Barranco del Poyo, una rambla típica de «crecida relámpago» que los expertos estudian como caso paradigmático de peligro potencial y que en este episodio ha confirmado esos estudios, como por ejemplo muestra la rotura del puente que une Torrent y Valencia, los diferentes puentes arrasados en Picanya y Paiporta o los destrozos de casas pegadas al barranco en Chiva.

El también llamado Barranco de Chiva, de Torrente o de Catarroja, está formado antes de llegar a la localidad de Cheste por la unión de tres barrancos: el Grande, la Cueva Morica y el de Chiva. Tiene una superficie de 462 kilómetros cuadrados y desemboca en la Albufera de Valencia tras combinar tramos de barranco natural, otros donde desaparece y un final encauzado.

El efecto embudo y el brutal caudal de la rambla del Poyo, claves en el desastre

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El desbordamiento de la cabecera del río Magro (afluente del Júcar) a causa de las fuertes lluvias registradas en Utiel y Requena o Turís; las lluvias caídas en localidades como Buñol, Chiva y Cheste, entre otras localidades, propiciando la crecida del barranco del Poyo con comienzo de desbordamiento en Chiva; o el fatídico suceso de la crecida del Turia unida al propio barranco del Poyo a su paso por Torrent, Paiporta o Picanya, entre otras poblaciones, propician uno de los mayores desastres naturales de España.

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El Ilustre Colegio Oficial de Geólogos (ICOG) llama a la acción preventiva ante inundaciones:

Los desbordamientos de ríos son fenómenos recurrentes en nuestra geografía, catalogados como inundaciones con periodos de retorno que pueden oscilar entre 50 y 500 años. Sin embargo, factores como el cambio climático y modificaciones históricas en las infraestructuras, como desvíos de cauces y construcciones en zonas inundables, han alterado la frecuencia e impacto de estos eventos.

Los geólogos, como expertos en recursos hidrológicos, tienen la responsabilidad de apoyar a las administraciones en la gestión de estas situaciones, no solo para prevenirlas, sino para mitigar sus efectos en la población y las infraestructuras. Los geólogos no pueden predecir cuándo o donde van a producirse este tipo de fenómenos, pero si pueden indicar por donde van a discurrir esos cursos de agua y lodo analizando cómo la composición del suelo y la estructura geológica afectan el drenaje y la acumulación de agua. Esto es crucial para entender el impacto de la DANA en áreas específicas. Al estudiar la historia geológica y los patrones de inundaciones pasadas pueden identificar áreas vulnerables y ayudar en la planificación de medidas de mitigación.

Según los datos disponibles, más del 10% de la población española reside en zonas inundables, siendo las cuencas del Guadalquivir, Segura y Júcar las más afectadas. Si consideramos cuencas internas y otras áreas vulnerables, esta cifra podría alcanzar los 5 millones de habitantes.

El ICOG quiere enfatizar la necesidad urgente de actualizar los mapas de riesgos geológicos y su integración en los planes hidrológicos y de ordenación del territorio realizados por equipos multidisciplinares entre los que se encuentren profesionales de la geología por su gran conocimiento tanto de los fenómenos naturales como del terreno.

El Colegio también quiere destacar la importancia de implementar políticas de seguros que reflejen el riesgo real de inundaciones, una práctica común en Europa y Estados Unidos, pero ausente en España. Además, aboga por invertir en infraestructuras de control de inundaciones y en la elaboración de mapas de riesgo geológico que guíen el desarrollo urbano. Es imperativo que los usos del suelo se ajusten a los mapas de riesgo natural, como exige la ley, aunque lamentablemente, hoy en día muchas administraciones no aplican esta normativa.

Finalmente, el ICOG solicita una vez más la creación de un Observatorio de los Planes Generales de Ordenación Urbana para asegurar que se cumpla con la ley del suelo y se utilicen los mapas de riesgos antes de permitir nuevas actuaciones urbanísticas.

Un caudal 5 veces superior al Ebro golpeó la ‘zona cero’ de la DANA de Valencia:

Un caudal cinco veces superior a lo que vierte habitualmente el río Ebro al mar Mediterráneo golpeó la ‘zona cero’ de la DANA de Valencia, más de 2.200 metros cúbicos por segundo que asolaron las poblaciones que encontró a su paso, entre ellas Picanya, Paiporta, Alfafar, Sedaví, Catarroja y Sedaví. Así figura en los datos recogidos del caudal de la Rambla del Poyo por el Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), según el responsable del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, el catedrático Jorge Olcina.

Olcina, que es expresidente de la Asociación de Geógrafos Españoles (AGE), explicó que los más de 2.200 metros cúbicos por segundo recogidos en la Rambla del Poyo fueron registrados por el SAIH poco después de las 19:00 horas del pasado martes, día 29, hasta que el sistema dejó de transmitir una hora después.

El caudal medio del Ebro a su paso por Zaragoza se sitúa en 461 metros cúbicos por segundo y en la desembocadura la cifra se eleva a unos 464, lo que refleja que la cantidad de agua que discurrió por el Barranco del Poyo durante la tragedia se multiplicó por cinco.

De seco a multiplicar por cinco el río Ebro

El mismo gráfico de la del SAIH señala que el barranco estaba prácticamente seco unas pocas horas antes, a las 16:00 horas, y que a partir de ese momento comenzó a registrarse una pequeña cantidad, que se disparó a partir de las 17:30, desde unos 250 metros cúbicos por segundo hasta cerca de 1.750 en torno a las 18:30. A partir de ahí siguió subiendo hasta pasar los 2.000 sobre las 19.30 durante una hora, momento en que se interrumpieron los datos.

Ese caudal de agua por un barranco «que suele estar seco» golpeó unas localidades densamente pobladas del cinturón de Valencia en uno de los peores momentos del día, coincidiendo con la salida del trabajo.

Oportunidad para elaborar un gran documento de adaptación al cambio climático, según Olcina

Olcina manifestó que esta dramática crisis tiene que servir de oportunidad «para que de una vez por todas el Gobierno valenciano elabore un gran documento de adaptación al cambio climático y a los fenómenos extremos».

En opinión de Olcina, hay que acometer medidas urbanísticas y construcciones hidrológicas como presas en las cabeceras, el desvío de algunos cauces en poblaciones por donde pasan directamente y el desalojo de algunas zonas de riesgo ocupadas por viviendas y naves industriales.

También hay que impulsar «mucha ‘educación al riesgo’ en la sociedad, desde las escuelas y a la ciudadanía en general» porque hay que concienciar que «lo que llamamos ‘emergencia climática’ va en serio, con fenómenos que cobran una energía inusitada que luego padecen los ciudadanos».

Olcina indicó que se trata de medidas «que electoralmente no son agradables» pero que hay que desarrollar «con altura de miras política y pensando a medio y largo plazo» porque, ha recalcado, la Comunitat Valenciana es la región de riesgo «más importante de Europa» en inundaciones tanto por su frecuencia como por la población instalada en esta parte del Mediterráneo.

La devastadora relación entre DANA, cambio climático y modelo económico:

Para el científico climático y divulgador Fernando Valladares, el Mediterráneo y sus ciudades no están preparadas para hacer frente a una situación que cada vez será parecida a la que vive Florida, en Estados Unidos, y que año a año es castigada por los huracanes.

Los primeros análisis apuntan a que detrás de todas estas incógnitas están el cambio climático, la mala planificación de nuestras ciudades y la ausencia de adaptación a los fenómenos adversos asociados al calentamiento global, en este caso, las lluvias torrenciales.

¿Solo una DANA?

El término DANA se usa para referirse a las depresiones o borrascas que quedan aisladas en niveles altos de la atmósfera (unos 5.000 metros de altitud) durante los desplazamientos de la corriente polar que atraviesa el hemisferio norte. El embolsamiento de aire frío que implica favorece la formación de tormentas.

Sin embargo, para que realmente se produzca un temporal de lluvias como el que ha arrasado el Levante y el sur de España han de converger inestabilidad (cuyo principal detonante es la diferencia de temperaturas), el aporte de mucha humedad (relacionado con el calentamiento del Mediterráneo) y elementos que propicien el ascenso de aire (como, por ejemplo, las montañas de Valencia).

Aunque las DANAS pueden darse a lo largo de todo el año, es precisamente en septiembre/octubre cuando se convierten en destructivas porque confluyen todos esos factores atmosféricos.

Según un equipo de científicos de ClimaMeter, las intensas lluvias que han devastado el Levante y el sur de España se han debido a una DANA impulsada por condiciones meteorológicas muy excepcionales: un 15 % más de humedad en la costa mediterránea y hasta temperaturas 4°C por encima de lo habitual en la era preindustrial.

La exposición de la población ha aumentado

Además de en los efectos del cambió climático, también son muchas las voces que piden poner el foco en los factores «sociales» que han hecho que este episodio haya causado tantas víctimas mortales y tantos daños materiales a pesar de ser un suceso atmosférico recurrente en España (se dieron condiciones similares en las riadas de 1957 y 1982, en Valencia, y de 1962, en Cataluña).

El primero de ellos: el aumento de la exposición de la población a estos fenómenos fruto de un desmesurado crecimiento inmobiliario que ha hecho que muchos núcleos poblacionales se hayan edificado en zonas inundables.

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, se calcula que actualmente en España viven en terrenos inundables unos 2,7 millones de personas, 473.000 de ellas en zonas que se inundan de media una vez cada 10 años.

También habría que poner el foco en la falta de cultura en España en los sistemas de alerta temprana y en los fallos que se han dado en su manejo, pues son esenciales para poder prevenir a la población y salvar vidas, así como intentar minimizar los daños materiales.

Aunque la ciencia y tecnología pueden ayudar a revertir la situación, la solución última es social y política, según el experto, que ha afirmado que el verdadero problema radica en «la infinita codicia de un sistema socioeconómico que antepone el producto interior bruto a los derechos humanos».

La deforestación y la urbanización en zona inundable empeoraron el efecto de la DANA:

La elevada urbanización en zonas susceptibles de inundación y la deforestación de las cuencas hidrográficas, junto con la falta de inversión público-privada en programas que promuevan el cuidado forestal, «empeoran el efecto destructivo de las DANA» como la que ha anegado la provincia de Valencia esta semana.

El decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Montes en la Comunitat Valenciana, Constan Amurrio, que incide en la relevancia de mantener unos «ecosistemas forestales en buen estado» además de una buena infraestructura civil para mejorar la situación de los cauces fluviales y minimizar los efectos devastadores de las inundaciones.

Amurrio insiste en la importancia de invertir en la reforestación de las cuencas hidrográficas, ya que «no es lo mismo tener una cobertura forestal arbolada que frena la fuerza de la lluvia, que tener una cuenca totalmente deforestada en la cual el agua discurre de forma natural, sin ningún tipo de barrera» que obstaculice su paso.

En la actualidad, «lo que predomina en los cauces que tenemos son las cañas», dice, un tipo de vegetación «muy poco resistente» al paso del agua que, cuando se producen precipitaciones torrenciales como las de los últimos días, «acaba cayéndose, arrastra y provoca problemas adicionales».

Una vegetación de ribera abundante y en buen estado de conservación, además, refuerza la estabilización de taludes y resulta «esencial» no solo para evitar que los cauces de los ríos discurran con un exceso de caudal, sino para favorecer la infiltración de agua en los acuíferos subterráneos y así regenerarlos.

La ingeniería contribuye a mejorar la situación a través del desarrollo de infraestructura verde mediante obras de laminación y el empleo de sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS), que impiden que el agua llegue «con tanta violencia a los núcleos urbanos».

Todo ello, matiza Amurrio, requiere de una inversión económica público-privada en planes estratégicos diseñados en cuestión de cuidado forestal, como los que ya existen pero «no se ejecutan por falta de financiación».

Zonas urbanizadas inundables

La lluvia de los últimos días no ha dejado tanta cantidad de agua como en DANAS anteriores pero, a diferencia de estas, sí que «ha estado muy concentrada» en zonas inundables de la comarca valenciana de l’Horta Sud, la más afectada, con poblaciones como Aldaia, Alfafar, Catarroja o Paiporta, zonas que no acumularon grandes precipitaciones y, sin embargo, resultaron devastadas por las avenidas de agua.

Estos municipios, con altas tasas de urbanización y actividad económica, soportaron la llegada del agua de zonas ubicadas en un terreno más elevado y que desbordó «cauces que normalmente discurren secos» y carecen de una buena capacidad de adaptación a distintos volúmenes hídricos.

El portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) Rubén del Campo, ha precisado que este fenómeno meteorológico «no siempre provoca lluvias torrenciales» sino que tiene múltiples efectos y puede generar «cosas tan dispares como olas de calor, llegada de polvo en suspensión desde África o lluvias más suaves».

Borrasca frente a DANA

La DANA, «básicamente es una bolsa de aire frío en las capas altas de la atmósfera que queda aislada de la circulación general atmosférica, rodeada por todos sus flancos por aire más cálido», precisa Del Campo, y es el encuentro entre los vientos que circulan a su alrededor con el carácter frío de su núcleo lo que puede generar fuertes tormentas.

La diferencia entre una DANA y una borrasca, añade, «es una cuestión muy técnica» pero se podría sintetizar en que «la borrasca es un sistema de bajas presiones que se identifica en todos los niveles de la troposfera, desde la superficie hasta los niveles altos, y suele llevar frentes asociados», mientras que la DANA «no suele tener ese reflejo de bajas presiones en superficie porque, como indica su propio nombre (un acrónimo, de hecho), se trata de una depresión aislada en niveles altos».

Así, el paso de una borrasca «aunque a veces incluye alguna tormenta intensa» suele descargar precipitaciones más suaves, sobre más zonas y durante más tiempo, mientras que la DANA carece de frentes asociados y lo que hace es propiciar «tormentas de gran intensidad con lluvias torrenciales en zonas no muy extensas».

Esto es lo que la convierte en un fenómeno más violento «por desgracia más difícil de predecir» y, por tanto, peligroso al ser capaz de dejar grandes cantidades de agua en superficies más reducidas.

Origen de un nombre

Además de su definición como acrónimo, el nombre es «un juego de palabras, un homenaje a Francisco García Dana, un meteorólogo muy conocedor de los efectos de las gotas frías» y compañero del en su momento conocido como «hombre del tiempo», Manuel Mariano Medina, el meteorólogo más popular de una época en la que sólo existían los dos canales de Televisión Española.

Doctor en Ciencias Físicas, García Dana ingresó como ayudante de Meteorología en 1950 y su primer destino fue en Villa Cisneros, en el Sahara Español (hoy, Sahara Occidental); en 1979 obtuvo por concurso de méritos la jefatura del Centro de Predicción del entonces Instituto Nacional de Meteorología.

Su fallecimiento, a los 60 años de edad en junio de 1984, motivó a sus compañeros a crear un término que permitiera definir el fenómeno atmosférico manteniendo de paso su recuerdo.

¿Nombres para las DANAS?

La organización europea EUMETNET, que agrupa a servicios meteorológicos nacionales, es la encargada de nombrar borrascas para favorecer la comunicación de estos episodios meteorológicos porque «se ha demostrado que la gente presta más atención» cuando tienen nombre, señala Del Campo, citando casos «de gran éxito» a la hora de informar como el de las borrascas Gloria en 2020 o Filomena en 2021.

Hasta ahora las DANAS carecen de nombre «pero estamos viendo que dejan unos efectos que pueden ser devastadores y es algo a plantear», aunque tendría que ser acordado con los servicios meteorológicos de Portugal, Francia, Bélgica y Luxemburgo, además de España.

Finalmente, Del Campo ha advertido de que «las DANAS no se limitan al Mediterráneo pues en otras ocasiones han afectado al País Vasco -a principios de los ochenta- o al continente europeo -en los últimos años» y algunos estudios preliminares apuntan a que este fenómeno puede recrudecerse con el cambio climático.

Geografía de la ‘zona cero’ de la DANA: de la histórica huerta a un 90 % artificializado.

El 90 por ciento del suelo de la ‘zona cero’ de la DANA de Valencia, la comarca de l’Horta Sud, está «artificializado» con viviendas, polígonos industriales o áreas comerciales, una situación bien distinta a su tradición histórica de ser uno de los mejores ejemplos de la huerta mediterránea. Así se deduce de un trabajo de la catedrática de Geografía Humana de la Universitat de Valencia (UV) María Dolores Pitarch, que apunta que alrededor del 80 por ciento de las casas se han construido a partir de la década de 1970 y han transformado una comarca que, como su propio nombre indica, era eminentemente agrícola, según se relata en un artículo de EFE.

La ‘zona cero’ de la DANA abarca unas 2.200 hectáreas con unos 325.000 habitantes del área metropolitana de Valencia entre Alaquàs, Aldaia, Alfafar, Benetússer, Beniparrell, Catarroja, Lloc Nou de la Corona, Massanassa, Paiporta, Pincanya, Sedaví, Torrent, Xirivella y el distrito Poblats del Sur de la ciudad de Valencia, especialmente La Torre y Castellar.

El ingente caudal de agua del pasado 29 de octubre, el equivalente a cinco veces lo que vierte el Ebro al mar, anegó la superficie que ocupan unas 75.000 viviendas en un área donde las carreteras principales registran una intensidad media diaria de más de 125.000 vehículos, de los que el 7 por ciento son pesados.

Una gran parte de los edificios se erigieron entre 1970 y 1980 mientras que sólo una mínima, uno de cada diez, se ha levantado a partir de la aprobación del Plan de Acción Territorial para la Prevención del Riesgo de Inundación (Patricova), en 2003. La altísima tasa de urbanización hace que «el agua no drene e, incluso, coja una velocidad aún mayor de lo normal», según indicó la catedrática de la UV.

El abandono de la agricultura provocó cambios en el uso del suelo

Pitarch hizo hincapié en que tradicionalmente esta área entre el río Turia y la Albufera, atravesada por el Barranco del Poyo, era de huerta, tal y como atestiguan algunos elementos de la arquitectura tradicional diseminadas, del tipo alquería. Pero el abandono de la agricultura por la falta de rentabilidad y la ausencia de relevo generacional, además la transformación hacia una economía industrial y de servicios, ha causado cambios en los usos del suelo.

Igual que con las viviendas, a partir de 1979 y especialmente desde 1990 se ha perdido superficie agrícola a beneficio de nuevos polígonos industriales, con la particularidad de que se ha hecho con una «planificación inconexa y con poca visión de escala» ya que «cada municipio organizaba su territorio pensando únicamente en su término, sin coordinarse con los demás».

De esta manera, proliferan los polígonos industriales «sin una visión a escala comarcal» y se solapan unos con otros en municipios, a menudo, de muy escaso tamaño y muy próximos entre sí. Esto ocurre, por ejemplo, con una de las poblaciones más dañadas por la DANA: Benetússer, con una superficie de menos de 1 kilómetro cuadrado o Sedaví, con menos de 2 kilómetros cuadrados de superficie, cuyo suelo está «artificializado al cien por cien». «Si se construye un polígono en Picanya no hace falta en la vecina Paiporta, o viceversa», según Pitarch, para evitar que «se reproduzcan sin un sentido lógico».

Desde el último tercio del siglo XX se han ocupado muchas zonas inundables

Desde el último tercio del siglo XX se han ocupado demasiadas zonas inundables con barreras arquitectónicas «muy localistas» y «pensando más en el beneficio a corto plazo que en el medio ambiente o la sostenibilidad», elementos que, además, dificultan la movilidad. «La falta de esta planificación coordinada, organizada y con criterios de sostenibilidad ha sido de lo más habitual en esta zona», según Pitarch.

Añade que uno de cada cuatro habitantes de la ‘zona cero’ tiene estudios universitarios y más de la mitad medios o profesionales, lo que supone que el 75 % tenga una formación de tipo medio como corresponde a personas eminentemente trabajadoras en la industria o los servicios. Además, el 10 % de la población de l’Horta Sud es inmigrante, y de ellos tres de cada cuatro extracomunitarios, es decir, población trabajadora.

La tasa de paro en estos municipios se sitúa en una media del 12 por ciento, aunque en algunos como Alaquàs, Alfafar y Torrent la media sea superior al 15 %.

La relación de todo este eje con la ciudad de Valencia y el resto de municipios de l’Horta Sud es «muy intensa» porque es habitual que «se viva en una población y se trabaje en otra», lo que vaticina que los estragos en las carreteras y ferrocarriles afectarán a un «número elevadísimo de personas, más aún cuando muchas han perdido su coche».

«Esta situación debería hacernos reflexionar sobre la necesidad urgente de una adecuada ordenación del territorio, más en espacios de riesgo», advirtió la experta de la UV.

La «falsa sensación de seguridad» de los vecinos que viven en zonas inundables:

Buena parte de la población que vive o trabaja en zonas con alto riesgo de inundación en periodo de lluvias a orillas del Mediterráneo, sobre todo los más jóvenes, tiene una «falsa sensación de seguridad» sobre el territorio que habitan. Así lo expone el profesor de Geografía Física de la Universitat de Valencia (UV) Iván Portugués Mollà, quien ha señalado que cuando una parte de la población no ha vivido previamente un episodio de riadas carece del concepto de «memoria climática» y, a menudo, desconoce «que vive o trabaja en una zona de elevada peligrosidad».

Esto se traduce en que cuando hay lluvias intensas coja el vehículo, baje al garaje para sacar el automóvil y, en general, actúe «con normalidad cuando la realidad es que a pocos kilómetros viene la crecida».

«Hemos perdido la percepción del riesgo en gran medida porque esos barrancos, como el del Poyo, generalmente no llevan agua», según Portugués, quien ha explicado que normalmente en el imaginario de quienes no han vivido un fenómeno natural de estas características es que lo comparen con un río atlántico, donde el nivel sube poco a poco a lo largo de las horas.

«Sin embargo, en este caso se trata de crecidas súbitas y efímeras, de manera que en un momento dado no hay apenas agua y», ha incidido, «en menos de una hora está lleno y poco después se produce el desbordamiento».

El experto de la Universitat de Valencia ha repetido que «son fenómenos muy rápidos» que se producen, a menudo, en poblaciones donde no llueve y por precipitaciones registradas poco antes a unos 30 kilómetros cuenca arriba.

Se hacía vida normal pese a los avisos meteorológicos

Así ocurrió el pasado 29 de octubre, puesto que llovió en la Hoya de Buñol mientras que en las poblaciones del área metropolitana de Valencia, el epicentro del drama de la DANA, no caía nada y eso favoreció «que la gente hiciera la vida normal a pesar de los avisos meteorológicos y al llegar el caudal no supiera qué pasaba y que ese agua provenía del barranco».

Para Portugués, en los municipios de l’Horta Sud se desconoce que, además del Barranco del Poyo, hay otros menores entre los ríos Turia y Júcar sobre los que en las últimas décadas se ha ido construyendo y urbanizando en una conurbación «que ha crecido mucho». «Se ha ido urbanizando, cubriendo y estrechando las salidas de agua, lo que ha desdibujado los barrancos» para, según el especialista, crear un nuevo escenario en el que se ha distorsionado la realidad geográfica.

Hay mucha normativa en riesgos naturales, pero no llega al ciudadano

El experto en Geografía Física de la UV apuesta por el desarrollo de protocolos de autoprotección para saber qué hacer, por ejemplo no coger un coche, teletrabajar y situarse en alto y evitar las zonas bajas, así como por un mejor conocimiento del territorio.

«Este país tiene mucha normativa en cuestión de riesgos naturales pero esa información no llega al ciudadano», según Portugués, quien cree solamente una pequeña parte de la población sabe interpretar los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), una alerta hidrológica o un nivel de emergencia del Centro de Coordinación de Emergencias.

Añade que la CHJ tiene entre sus competencias «la comunicación de los avisos hidrológicos ante posibles avenidas a los organismos de protección civil de manera habitual», según la última actualización del Plan de Gestión del Riesgo de Inundación de la Demarcación hidrográfica del Júcar 2022-2027. 

Además, se informó a través de redes sociales y notas informativas durante los días 25, 26 de octubre y, posteriormente, el 27 se emitió un aviso especial de fenómenos adversos que se mantuvo activo el lunes y martes, 28 y 29, en el que se indicó «un grado de probabilidad de lluvias torrenciales alto, superior al 70 %».



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