Calidad en las relaciones y en los sentimientos

Creo que todos queremos mejorar nuestras relaciones, porque cuando hay buenas relaciones hay unidad, hay cooperación, hay armonía . . . y esto es cierto en cualquier grupo: en la pareja, en la família, en la comunidad de vecinos, en los compañeros de trabajo, en el congreso . . . En definitiva, es lo que hace que las cosas sean fáciles o difíciles.

Es bueno hacer una reflexión personal porque es muy fácil quejarnos y echar las culpas a los demás : «Es que mi marido no me escucha»; «es que mi mujer no me entiende; «es que mis hijos no me hacen caso»; «es que tengo un compañero de trabajo que me hace la vida imposible»; «es que la vecina me aturde; «es que este partido político no hace las cosas bien» . . . Y la verdad, es que, nos olvidamos de que la primera persona que tiene que revisarse soy yo `´’-)

Aquí hago mención a cuatro de las ocho primeras falsas creencias o creencias limitantes sobre el «yo» siendo la primera la que nos dice que: “La persona más importante que hay en mi vida soy yo» es con quién tengo una relación las 24 horas del día. . .

La segunda creencia limitante habla de imponer nuestras ideas; y de cuando no entendemos a las personas con las cuales me relaciono y intentamos forzarlas, para que piensen y vean las cosas como yo; ese querer llevar la razón, lleva a que las relaciones acaben deteriorándose.

La tercera falsa creencia habla de la libertad, de la independencia emocional y cognitiva, de la capacidad de dicidir sin necesidad de aprobación, de hacerse cargo de lo que uno/una quiere ser y hacer. De que todo el mundo tiene derecho a expresarse y a opinar; y que todo el mundo tiene derecho a equivocarse. Y que seremos libres cuando nuestra paz no dependa del exterior.

La cuarta nos recuerda la ley del espejo: todo lo que me reflejan o veo en los demás que no me gusta de ellos, es algo mío que no estoy viendo o no quiero ver en mí, es algo que mi espejo está reflejando de mí, Por tanto, la pregunta sería: ¿Qué es lo que hay dentro de mí que necesito trabajar y sanar? Cuando estoy sintiendo algo desagradable, no es más que un sentimiento de lo que todavía no he aceptado, por eso sigo sufriendo, sigo cometiendo los mismos errores, porque no fluyo on la vida, sigo con mi lucha interior . . .

Y es que hay algo que suele cumplirse, y es que cuando yo cambio, los demás, o mi mundo, también cambia, en mis relaciones, en mi entorno. Así la premisa principal es decirnos: «No voy a culpar a nadie de lo que me pase, y voy a revisarme yo»

¿Cómo puedo yo mejorar algo, situación, entorno, relación con esa persona, esas relaciones…?

Pensando en los enemigos de las buenas relaciones que son tres, y luego ver cómo les damos la vuelta para paliarlo. Primero identifico y luego lo trabajo.

El primer enemigo de las relaciones es el «ego». Todos sabemos lo que es el ego. Es esa imagen que yo mantengo de mí mismo/a. Es una falsa conciencia, porque no estoy realmente concentrado/a en mis valores más intrínsecos, sino que es esa armadura que he construido a mi alrededor, que quiere que los demás le reconozcan, quiere que le respeten, que le agradezcan, que le obedezcan . . . Eso, el choque de ideas genera todo tipo de conflictos, en todos los ámbitos.

Una gran asignatura pendiente para todos por descubrir: la del rol de las emociones en las relaciones, en nuestra vida cotidiana

Los efectos entre el diálogo y la discusión. el diálogo genera entendimiento, genera armonía, genera confianza y genera respeto. La discusión lo que genera es enemistad; genera luchas de poder y sufrimiento por las dos partes. La principal diferencia entre diálogo y discusión, es que en un diálogo las personas ofrecen sus ideas. Las ideas son como regalos porque se ofrecen al grupo, y si las otras personas no quieren o no aceptan ese regalo o no lo incluyen en su proyecto o en sus propias ideas . . . muy bien, «todo el mundo tiene derecho a equivocarse», OK. Yo ya he dejado mi aportación, sino lo aceptan no es cosa mía. Y me desapego de eso, no intento controlar, insistir, ratificarme, hacerme respetar, imponer nada. Yo no soy responsable de lo que piensan los demás. En las discusiones, lo que predomina es la imposición de ideas propias, no el ofrecimiento y la creencia de que mis ideas son las mejores que las ideas de cualquier otro. . .

Y ¿cómo pasamos de la discusión al diálogo?

Esto es lo más importante, porque esto resolvería muchos conflictos, y para eso tengo que renunciar al control, renunciar a exponer mis propias ideas, renunciar a querer llevar razón, incluso renunciar a llegar a pensar que lo mío es lo mejor. Debo empezar a aprender que la humanidad es importante y que puedo dar paso a escuchar y a aprender de las ideas de los demás.

Yo he aprendido con los años, que hay principios a los que no quiero renunciar, y he seguido con esa práctica porque no hago mal a nadie. Es algo que no está en el ego; en cambio, sí que está el alma, en mi esencia. Cuando nos equivocamos reconocemos nuestro error y nos disculpamos, igual que aceptamos las disculpas de los demás. Pero cuando alguien no es íntegro, no es consecuente, no es honesto con lo que dice o hace porque se contradice en sus acciones, parece que rompe sus principios y es cuando desconfiamos de esa persona. A veces la imagen que se da a los demás es una falta de incongruencia, de consistencia, de integridad personal, con lo que ser una persona íntegra es muy bueno para las relaciones. Soltar el ego y aceptar las ideas de las demás, no quiere decir complacer a los demás y hacer lo que los demás digan. Hay que tener mucha claridad en cuáles son mis límites, a qué puedo renunciar y a qué no. Interesante porque ahí está el trabajo personal de cada uno.

El segundo enemigo de las relaciones es el apego. El apego es lo que me lleva a querer llevar el control de cosas o personas. Es como que sin aquella cosa o sin aquella persona yo no conseguiré mi felicidad. Algo que considero imprescindible en mi vida. Algo que genera dependecia e insatisfacción. Genera relaciones de dependencia emocional, y a veces relaciones enfermizas creyendo que eso es «amor».

Un ejemplo práctico: Un hijo con 30 años que tiene un accidente de moto donde salió ileso y la moto destrozada. Se recupera y se compra una moto nueva. La madre que al principio se oponía a lo de ir en moto, por lo peligroso que es, con la decisión de su hijo que querer comprar otra; ella ha aceptado que es su decisión, es una persona adulta para tomar sus propias decisiones y que es un ser libre e independiente como ella. ¿Cuál ha sido la opción sabia que ha tomado la madre? Que ha dejado de sufrir. La situación no la podía cambiar porque no dependía de ella, pero sí podía aceptar y dejar de sufrir. Ha aceptado, ha renunciado a ese sufrimiento que le ocasionaba todos esos pensamientos inútiles que le generaban más que intranquilidad, problemas de insomnio, preocupación, ansiedad. . .

Así que, si vemos a los demás como seres espirituales, independientes, que tienen su propia misión en la vida, que tiene sus propios principios, podemos generar felicidad. Podemos educar a un niño, pero llega un momento que sólo puedo ser un ejemplo para él o ella, y no puedo ir más allá. Todo lo demás es parte de su propio aprendizaje y que cada ser individual tiene su propio karma, una de las leyes Naturales: causa – efecto (lo que siembro en lo que pienso, siento, digo y hago será lo que recogeré más tarde o más tempreno). Es su propio papel en esta obra de teatro que interpretamos todos. Así que amor sí, con desapego. Eso ayuda mucho a las relaciones porque no genera dependencia, hace que nos sentamos libres con respecto a esa relación, y la libertad es un tesoro porque genera creatividad, genera entusiasmo, genera alegría. El respetar las decisiones de los demás es crucial en las relaciones.

Un tercer enemigo en la calidad de las relaciones es el acumular sentimientos negativos. Desafortunadamente, todos hemos ido acumulando algún que otro sentimiento negativo, y sinó que levante la mano el que no los haya tenido ‘-). Por ejemplo al sentimiento de culpa, de lo que no hice o tenía que haber hecho, de los errores que cometí en el pasado. El sentimiento de envidia, de las capacidades de los demás, de competencia (negativa). La tristeza, algo que está muy acumulado en el alma, hay mucha carga de tristeza acumulada. Pero hay unos sentimientos que tienen que ver con el pasado y con el futuro. Por ejemplo, el enfado tiene que ver mucho con el pasado: Me enfado por lo que alguien hizo, por lo alguien no hizo, por lo que tendrían que hacer y no han hecho, me enfando porque han cometido errores y yo soy muy perfeccionista y no permito que los demás los cometan tampoco. Me enfado por una oportunidad que dejé escapar . . . Me puedo enfadar con todo, con la vida. Todo ese enfado me va a generar una carga muy grande, porque el enfado tiene una conexión muy grande con la tensión.

Y el sentimiento del futuro tiene que ver con la ansiedad, el miedo. Miedo a la enfermedad, a la incertidumbre, miedo a la escasez, a la necesidad, miedo a perder el trabajo, miedo a lo que pueda suceder con alguna relación concreta, al medio ambiente, miedo a la reacción de una persona . . . a tantos y tantos miedos, todos tiene que ver con el futuro. en definitiva, miedo a algo que es incierto porque no sabemos nada de él.

Y ¿qué nos queda? El Presente. Es tan importante centrarse en el presente, la actitud es: lo que tenga que hacer, lo voy a hacer ahora. Lo que sienta que debo hacer es ahora y no lo voy a dejar para el futuro. Y vivir el presente, se puede hacer de manera mucho más consciente con la conciencia del alma. Porque me ayuda a ser plenamente consciente, no sólo de lo que me rodea, lo que oigo, veo . . . sinó también a ser consciente del presente en cuanto a mis pensamientos y sentimientos. ¿Que estoy pensando ahora? ¿Qué estoy sintiendo ahora? Algo que no falla a estar plenamente consciente es decirnos: «Poner el alma en lo que hago» , «Poner el alma en lo que pienso» «Poner el alma en lo digo». Me refiero al alma como a mis cualidades, a mi potencial, a dar lo mejor de mi en cada situación; a poner paz, serenidad, amor en lo que hago, poner verdad en todo eso, ser honesto/a conmigo mismo/a. Realmente, el poner el alma en el aquí y ahora, en el momento actual, eso va a crear un futuro brillante para mí.

¿De qué me sirve ahora en mi presente, estar preocupado/a por el futuro? Estoy creando un miedo, atrayendo el miedo, la negatividad. Lo que yo pienso, digo siento y hago en este momento, es lo que crea mi futuro. Sea lo que sea que me pase en el futuro, si yo creo mi mejor presente, siempre será mi mejor futuro también. Y ese poner el alma en todo mi presente, automáticamente va a crear mejores relaciones.

Y qué pasa con eseos sentimientos negativos, con esas heridas que no se han cerrado, que siguen ahí, en el inconsciente y que hace que se salgan en situaciones donde se repiten una y otra vez, porque no aprendemos la lección. ¿Qué pasa cuando tocamos una herida? Que duele, no? Pues cuando me tocan una herida del pasado, sucede que yo con mis recuerdos o porque alguien hace o dice algo que me toca esa herida, hay reacción. Para cicatrizar esas heridas, para olvidarlas, es vivir en el presente con todos los regalos y oportunidades que nos brinda y ese vivir con intensidad en el presente con todas nuestras mejores cualidades, va a ayudar a que esas heridas del pasado se vayan disipando poco a poco. Y con ello surgirán sentimientos positivos como el sentimiento de la compasión por mi mismo/a y por los demás, el sentimiento de la benevolencia, el sentimiento de alegría y con ello, surge el sentimiento de satisfacción. Todos esos sentimientos están en nosotros, a lo mejor un poco empolvados, por estar inactivos, y que por estar ofuscados en nuestro ego, no los dejamos aflorar. Cuando los dejamos salir, esos sentimientos innatos se expresan siendo fundamentales para la calidad en las relaciones. Mientras vivamos com esas heridas no cerradas del pasado, seguiremos sufriendo en nuestro presente, y con ello, seguiremos teniendo problemas con las relaciones.

Finalmente, las relaciones dependen del amor incondicional, de la conexión hacia uno mismo/a y para con los demás a través de los buenos deseos, los buenos sentimientos, el sentimiento de perdonarme a mi mismo/a, de perdonar a los demás. Ese es el secreto, vivir poniendo el alma, lo mejor de mi en todo. Eso va a ayudar mucho en las relaciones porque esa conciencia del alma me va a hacer más fuerte y menos dependiente. Por eso la meditación ayuda tanto, porque ayuda a conectar con nuestra esencia, con nuestro potencial, con esos sentimientos y sentimientos, con esa luz o fuerza suprema que es la que nos da fuerza interior para desenpolvar del todo esas cualidades innatas, para que fluyan con nosotros y con la vida. La meditación nos ayuda a seguir estando presentes en todo lo pensemos, sintamos, digamos y hagamos en el aquí y ahora para poder asegurarnos nuestro futuro. También nos va ayudar a soltar ese ego, esa armadura, porque el ego es oscuridad, y poder dejar saliz esa luz que hay en cada uno de nosotros brillando y iradiando para tod@s. Y también me va a yudar a discernir en cuáles son los principios del alma y cuáles son los que debo renunciar para mejorar mis relaciones con los demás.

Recuerdo que Daniel Gabarró nos decía, que : «S’ha de viure posant» «debemos vivir poniendo o dando»

Namaste 🙂

Dolors

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