Esa Gran Asignatura pendiente IV ‘-)

Sin ira no hay enemigo

Seguiendo con este apasionante tema de la emociones desde la perspectiva budista: «Son nuestras emociones las que les da sabor a nuestra vida» bonita reflexión proveniente del post anterior: » sobre la ira y el poder » y sin perder de vista nuestro objetivo, nuestra meta: Ser feliz y tener ese bienestar interno que te da fortaleza y seguridad para disfrutar de todo lo que llegue a nuestra vida, nos guste o no, ya que todo es para aprender y evolucionar. El poder observar nuestras emociones, nos permite detectarlas para poder trabajarlas y transformarlas; pasando por la primera premisa imprecindible para su detección, como dije anteriormente, es observar nuestros pensamientos, su origen y su naturaleza. Ahí vemos si esos pensamientos son de apego al ego, a una situación, a una persona: «quiero tener, necesito esto»; «Esto no me gusta o esto no debe de ser así» . . . y lo elimino de mi vida » ; o si son de enojo: «Esto no es justo o Esto es malo para mi y no lo quiero en mi vida» . . . y, sobretodo no darles energía una vez detectados.

Ahí está el gran trabajo de las emociones, ya que son los pensamientos los que generan emociones. Para ello, para poder detectarlos es necesario la práctica diária de calma mental para no caer en el error de los mismos patrones con las mismas respuestas. Observar la emoción desnuda (hay algo que me hace enfadar) no la situación, no las interpretaciones que hagamos, no las justificaciones que nos damos. Es muy importante la percepción de la realidad cuando estamos enojados. Cuando hay conflicto entre dos personas las dos partes involucradas pierden, porque las 2 partes piensan que el otro es «el poderoso»: «el otro tiene el poder y no es justo» La posición básica psicológica de estar enojado, es de sentirse sin poder sobre una situación o persona. Observar: ¿qué siento? ¿Qué estoy pensando? ¿Qué está pasando con las sensaciones en el cuerpo? Son las alarmas que Venerable Damcho nos dió en el anterior post.

El tema de hoy, trata de empezar a destruir la estructura que sostiene nuestra ira, y observar con su lógica que tenemos muchas oportunidades. Pensamos o creemos que la ira nos produce enemigos, y la experiencia es: ¿Qué enemigo produce mi ira?

¿Cuál es la gran mentira de la ira? El creer que es «esa situación o persona la que me hace enfadar». Y el creer que cualquier experiencia con la es lógica y racional. El sentirme de esa manera frente a esa situación: «Es que tengo que sentirme así» «Cómo no voy a sentirme así». El creer que son las situaciones las que nos están diciendo, nos están marcando cómo nos vamos a sentir, que no vienen de nosotros, que viene de fuera, de factores externos. Y esta es la mentira de la ira. La ira es una experiencia en la cual nosotros creemos que no tenemos opciones, que no tenemos independencia o libertad emocional. Esto es, precisamente, «los palitos en el oceano» que también salió en el post anterior, es la ola la que me arrastra, la que me lleva en esa dirección.

¿Cuál es el primer paso en nuestro trabajo para desarmar la ira? El primer paso es desafiarla, dándonos cuenta de que cuando nos enfadamos, creemos que es la situación la que determina racionalmente la reacción.

¿Cuál es la impresión que tenemos cuando estamos bajo la ira? Que debemos estar enojados porque es lo cualquier persona haría en esa misma situación de enojo. Con esa impresión no reconocemos que tenemos libertad y pensamos que es la única opción. Estamos correspondiendo a las situaciones de manera racional y que es lo que hay que sentir o actuar en esas condiciones. «Esto es injusto, ¿no lo ves?» «Es que tengo que estar enfadado».

¿Cuál es nuestra tarea en esta fase de desarmar la ira? Es de usar nuestra mente inteligente y calmada y preguntarnos si la estructura y las percepciones que tenemos en la ira son correctas, si son realmente lógicas. Especialmente para tener otra manera de ver las cosas.

¿Cómo desafiamos la idea de la objetividad? Cuando estamos frente a la idea del enojo, en general, la sensación que tenemos es que es la correcta. ¿Es cierto? Si, es cierto ‘-)). Nuestra interpretación de esa situación es la correcta, es la adecuada. Si alguien lo ve de otra manera, está equivocado, porque «mi interpretación es la correcta. Y si tengo esta interpretación, tengo que sentir lo que está situación me obliga a sentir». Con esta percepción, es muy difícil trabajar la respuesta emocional. Pero si nos damos cuenta de la percepción, con lógica podemos dialogar y nos podemos preguntar:

¿Es cierto que es la única manera de ver esta situación? Si observamos las palabras que usamos (cuando estamos interpretando de esa manera) para sellar la objetividad de nuestra interpretación, estamos disfrazando que es una interpretación propia frente a nosotros mismos porque ahí no hay objetividad: «Es injusto, es malo, es incorrecto . . . » No hay otra opción; es bueno-malo; justo-injusto; correcto-incorrecto; adecuado-inadecuado . . . Ahí nos ponemos en esa atmósfera de blanco y negro: «el negro está con ellos, y el blanco, lo correcto, lo bueno, lo justo soy yo». Y ahí nos convencemos que tenemos toda la razón en ese contexto.

¿Sería útil preguntarnos?: Es bueno, es malo ¿Para qué? Las cosas buenas y malas son relativas. Lo que es bueno para unos, puede no serlo para otros.

Tal vez, la pregunta correcta sería: ¿Es útil o es perjudicial? ¿Es inútil o es beneficioso? Estos dos adjetivos dan más apertura para cuestionarnos: util-inúti,, beneficioso-dañino ¿Para qué? o ¿Para quien? . . . Para mi reputación, para mis intereses, para yo sentirme mejor, para los logros de mi ego, para sus intereses . . . Y va a ser muy visible para nuestras propias metas. Al menos, nos damos cuenta de que esa percepción ya no es tan sólida si cambiamos la perspectiva.

¿Qué sucede cuando hay conflicto entre dos personas? Que cada uno ve al otro como «malo». Cada uno cree que es el otro el que produce su enfado.

¿De qué depende cómo vivo y siento mi vida? De tener muy presente mi meta: ¿Cuál es mi meta? Nuestra meta es ser feliz, tener una vida emocional interna positiva y equilibrada para que propicie la felicidad. ¿Qué es beneficioso para mi? Mi ira no es beneficioso para mi: es dañino.

«Sin ira no hay enemigo»

Sin esta interpretación, estamos rodeados de un mundo terrible. Si nuestro acercamiento cambia, nuestras circunstancias cambian y nuestras experiencias cambian radicalmente. Esa es la clave para el trabajo que estamos haciendo. Todo depende de cómo yo lo interpreto, cómo vivo y cómo siento mi vida. Y si identifico que ésta es mi meta, de aprender cómo vivir con otras cualidades que ya están en mi, sólo que estan debajo de muchas capas, y practico la bondad, la paciencia, la compresión, la generosidad . . Aprender a vivir con compasión, ecuanimidad y Sabiduría. si me identifico con mi meta, todas las etiquetas se van transformando, afirma Ven Damcho.

Si tenemos en cuenta nuestra meta, puede ser muy beneficioso para nuestro crecimiento espiritual. Puede ser muy beneficio para mi compasión con los demás. Cuando nos critiquen, cuando nos sentamos aludidos por algo que simplemente es nuestra percepción de algo que no es real, ahí podemos practicar. Utilizar ese dolor para crecer y pensar cuántas personas hay en el mundo que sufren, abrir nuestro corazón y conectar con otros y descubrir la libertad que tenemos y descubrir que tenemos opciones.

Si regresamos a nuestro análisis de estructura cognitiva con ira, cuando designamos algo como «malo», es nuestra mente la que pone etiquetas. Es nuestra interpretación, y después con amnésia, esa acción mental que hicimos y después pensamos que no hicimos, cuando vamos reconociendo que sí la hicimos, es cuando rescatamos la capacidad de quitar etiquetas, y es aquí donde tenemos muchas posibilidades. Pero necesitamos reconocer que tenemos esa capacidad, que fuímos nosotros los que pusimos esa etiqueta. La parte de nosotros que divide que enormemente está dividiendo el mundo entre «bueno y malo» es completamente egocéntrica.

Debemos cambiar el enfoque: Si en vez de ver nuestra vida como un largo esfuerzo y ver qué quiero recibir del mundo, si en vez de esto vemos nuestra vida como un largo proceso de ver qué puedo dar yo al mundo. ¿Que puede ofrecer para el bienestar y la felicidad de otros?

¿Cuáles son las dos opciones que tenemos ante cualquier situación difícil? En cualquier momento de injusticia, Podemos quedarnos tranquilos o perder la tranquilidad. Si mantengo esa conciencia de la primera opción, sé que tengo otras posiblidades y ahí, en ese espacio puedo preguntarme: ¿Qué siento? ¿Qué percibo? ¿Es útil? ¿Es beneficioso? Esto, es lo que la ira ciega nos impide ver.

¿Cuál es el compromiso una vez identificamos la importancia de crear paz? El de ser honestos con nosotros mismos en las respuestas, de lo contrario la ira nos superará otravez. Tener la meta clara y presente siempre (que no sea simplemente vencer y derrotar a la otra persona).

Cuando estamos tratando de crecer como persona, de ofrecer algo valioso para el mundo, nuestra meta va cambiando especialmente con la ira. La cantidad de sufrimiento que hay por la violencia y por la aversión descontrolada y este es el mundo que vivimos. Y yo, que estoy en este mundo, sino hago nada, estoy contribuyendo a aumentar esta dinámica. La necesidad es urgente, que haya personas comprometidas con crear PAZ. Si tenemos muy clara la importancia de esto, desde nuestras respuestas emocionales, hasta nuestra conducta externa que nosotros auténticamente, sinceramente y con mucha intensidad estamos trabajando nuestra propia agresión.

Por esto, el compromiso es lo más importante, cultivar ecuanimidad. Crear espacio para dar una respuesta con Amor y Compasión hacia el otro y así tener Sabiduría y apertura; y dejar y descartar a personas, a la población como «malas» (risas en la sala), que lo hacemos, afirma Ven Damcho.

Las situaciones que nos desafían en la vida, no las tenemos que ver como respuestas, sino como algo que yo puedo hacer, esto nos ayuda, es nuestra decisión. Hay personas que hay que tratarlas como seres que necesitan «regalos», hay que pedir por ellas. La respuesta emocional como fuente de bienestar para otros, no es la de amenaza. Mantener mis prioridades bien altas y estables: cuidar mi compasión, cuidar mi ecaunimidad y mantenerme sabia con el corazón abierto.

Aquí va la gran práctica:

Para trabajar las percepciones y para explotar la libertad que tenemos, disponemos de una práctica muy específica para aprovechar esta libertad, que consiste en «cambiar la etiqueta». Y, para esta práctica necesitamos buscar a alguien a quien no le gustemos, o no le caigamos bien a esta persona. Escoge a esa persona que vas a designar como «tu maestro de paciencia» no paciencia de risistir y aguantar, sinó manteniéndome ecuánime (calmada y tranquila sin perturbar la mente, ser paciente conmigo mismo/a), de tolerancia, de amor, de compasión».

En realidad, necesitamos de esas personas que nos hablen de manera que no nos gusta, porque nos critica, porque siempre está sarcástica, por su conducta, por sus actos . . . necesitamos ir aprendiendo con experiencias del día a día para crecer y avanzar. Necesitamos aprender cómo mantener nuestra ecuanimidad cuando las cosas no van como realqmente queremos.

Y cada vez que veo a «mi maestro» cómo me mantengo, ya tengo ganas de encontrarme con esa persona para empezar mi práctica porque tengo unas herramientas muy valiosas. La misma persona que yo le he puesto la etiqueta como persona que me quita mi paz, por diferentes motivos, ahora debe ser todo lo contrario, debe ser la que me me trabaje mi calma porque esa persona es útil para mi salud, bondadosa, generosa, beneficiosa para mi práctica. Sin ella, sería imposible mi evolución en mi camino espiritual.

Cuando nos critiquen no enojarnos, no sentir ira, no enojarnos. Simplemente identificarlo como beneficioso, útil. Recordar nuestra meta y objetivo: fortalecer los músculos de la ecuanimidad es enormemente importante en la vida para ser la persona que quiero ser, para vivir la vida que quiero vivir; para protegerme de todo el malestar y sensaciones que vienen con la ira por mi entorno, por mi familia, por los demás. Para que yo tenga felicidad, necesito implicarme en esto. Como ya he designado a mi maestro, me preparo y me recuerdo que es mi propia vida. Cada vez que vea a esa persona, ya lo veré de diferente manera, porque esa persona es la causa de mi felicidad, al mismo tiempo que de esas situaciones yo voy protegiendo mi propia mente. Mi bienestar va a depender de cultivar las cualidades que quiero fortalecer o mantenerme otravez en lo de siempre. Tomar autodeterminación y disciplina con las prácticas. De esta manera no vamos a tener que eliminar todas las personas que no nos gusten del planeta ‘-)

Hoy he aprendido que:

  • Con las gafas de la ira, creemos que el adversario produce nuestra ira
  • Creemos que la situación determina racionalmente la reacción y que no tenemos opciones o libertad emocional
  • Todo lo vemos desde un prisma erróneo. Es nuestra percepción.
  • Creemos que la causa viene de fuera de nosotros
  • Cualquier persona o situación puede ser mi entrenador espirtitual
  • Las etiquetas que he puesto a los demás, ahora las debo trabajar para liberarme de esa «carga emocional»
  • Las ventajas de superar la ira, son mucho más satisfactorias y beneficiosas que las desventajas que no llevan más que al sufrimiento
  • La persona que designe como «maestro de paciencia» me ofrecerá las ventajas y me protegerá de las desventajas de superar la ira
  • Sin «maestro» no hay aprendizaje ya que sería imposible mi crecimiento y avance personal
  • Cuánto más difícil sea la persona, más grande será la satisfacción interior

Lo que importa realmente es mi actitud, mi respuesta. La vida es un 10% de lo que sucede y el 90% de mi respuesta

Debo tener presente mi meta: Mi felicidad depende de mi

Sin práctica no hay entendimiento. Sin entendimiento no hay Sabiduría

Agradezco que esa persona exista por los beneficios que me va a aportar en mis relaciones, en el trabajo, en mi autoestima. Pensar en lo que realmente importa, no es la situación exterior, es mi respuesta, mi reacción en lo que más me importa. Ese es el objetivo principal.

Y realmente, cuando logre cambiar la etiqueta, esa persona ya no será la causante de que me quite mi paz, porque me cause malestar sus palabras; llegará un momento, que notaré que esa persona ya va a cambiar, y ya no será un desafio para mí. Tendré que buscar a otro maestro. Esta es la práctica para debilitar y acabar eliminado la ira.

Meditación «Maestro» (pendiente audio)

Con la práctica para esta semana del: «Maestro de Paciencia» Ven Damcho acaba su conferencia.

Buena práctica :-))

Acordarme de que tengo 2 opciones:
la de poner paz, o la de tener toda la razón; y que sólo depende de mi ‘-)
Yo elijo.

Siguiente post: « Los cuentos que nos contamos para alimentar la ira » : Entrar en: AulaCursos Budadharma , inscribirse y ya te contestan dándote instrucciones para el curso que has elegido.

Namaste 🙂

Dolors

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